
Aurelio Pérez Martínez
Conocido en el mundo de la pintura como Aurelio, nació en Alhama el 5 de febrero de 1930. Murió en el año 2000.
Inició sus estudios de Bachillerato en el Instituto Alfonso X donde tuvo como profesor al pintor Almela Costa. Durante este período, aproximadamente a los catorce años, comenzó a pintar.
Poco después se trasladó a vivir a Murcia donde fomentó la relación con varios de los pintores consolidados del momento (Garay, Bonafé, Mariano Ballester,…), con los que inició su aprendizaje, que más tarde continuo en la Escuela de Artes y Oficios –donde tuvo como profesor a Garay- y culminó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Este bagaje le servirá para sus primeras exposiciones en Madrid y para introducirse en los ambientes artísticos franceses, país donde residió varios años. De nuevo en España desde 1961, vivió en Alhama donde se dedicó a la pintura y a la docencia.
Aurelio fue creador de un sugerente y madurado lenguaje pictórico que atravesó muy diversas etapas: desde el lógico academicismo inicial hasta su último ingenuismo de trasfondo geométrico, pasando por períodos marcados por la experimentación expresionista y el cubismo.
Vinculado al estructuralismo realista, espero hasta 1992 (es decir, pasados ya los sesenta años) para realizar un quiebro sorprendente y exitoso, rozando la pura abstracción a través del simbolismo. Aunque es conocido que el pintor reniega del término abstracción y de las connotaciones que alberga, entendiendo que toda obra creativa es abstracta, no se puede negar el radicalismo de los últimos postulados plásticos de su obra a la vista de su trayectoria anterior. La exposición “Memoria de la Alcanara”, celebrada en el citado año en la sala de Verónicas en Murcia, es señalada como el punto donde se produce el cambio radical aunque también es cierto que el autor no rehuyó en el pasado de los experimentos y los intentos de investigar nuevas formas de expresión, fundamentalmente en el uso de los colores.
Su obra queda caracterizada, precisamente, por el uso preferente de los ocres y de toda la gama de amarillos y, si se pudiera cohesionar en un mismo discurso toda la obra del pintor, éste sería el carácter naïf que siempre se mantuvo subyaciendo en sus trabajos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario