
José María Párraga Luna
(Cartagena, 1937 – Murcia, 1997)
Accedió a la Escuela de Artes y Oficios, teniendo como profesores a Garay y Ballester, entre otros. A los diecinueve años ganó su primer premio, y en un corto periodo otros más, lo que le permitió adoptar la pintura como profesión gracias además a su participación en numerosas exposiciones individuales y colectivas y a la recepción de encargos de muy diversa procedencia. Muy atado a Murcia y a sus círculos artísticos y culturales, no desdeñó por ello efectuar giras formativas por diferentes países europeos movido por su afán de aprender e investigar.
Su obra está caracterizada tanto por la enorme producción como por su singular estilo. Destacó por su facilidad para el dibujo –utilizando el lápiz, pero también procedimientos menos habituales como el bolígrafo o el rotulador- y por su destreza en una especialidad poco extendida: el pirograbado. Además pintó con profusión óleos y acrílicos, compuso collages, realizó murales, se involucró en escenografías teatrales, ilustró libros y revistas y confeccionó numerosos carteles. En todos los casos dejando testimonio de su personalísima impronta, caracterizada por el dibujo de trazo firme y rectilíneo y la utilización –cuando lo hace- de colores planos, uniformes y apenas matizados.
José María Párraga ejemplificó, quizás junto a María Dolores Andreo, toda la fuerza iconoclasta y plena de rebeldía que subyacía en los ambiente artísticos murcianos de principios de la segunda mitad del siglo. Poseedor de un lenguaje y una iconografía completamente personales y excepcionales, enriquecidos con ciertas sugestiones de Picasso, Guayasamín, Klee e incluso Mondrian, es uno de los autores más inexplicables y deslumbrantes de la pintura murciana del siglo XX (Cruz, 1999).
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